11.29.2009

Never enough.

~
Su voz se quebró. Sus ojos se volvieron agua, que fluyó limpiamente a través de sus pómulos. Pero nadie se dio cuenta, pues se diluyeron con las gotas de lluvia.
La espalda del mundo la tenía más conocida que la suya. Y mira que la observaba cada efímero minuto que podía...
"Ya está." Se dijo. "Ya está todo hecho."
¿Qué quedaba?
Aprender a cerrar la boca y no mostrar tantas sonrisas ni tanto corazón.
Comprarse un paraguas...
Su empapado pelo se adhería a su rostro. La lluvia caló a través de la fina chaqueta. El frío se adosó a su piel.
El vacío a su corazón...

¿Y el calor? ¿Dónde se quedó?
Lejano, muy lejano. A la altura de un rascacielos abominable que compite con las nubes para ver quién alcanza antes el Sol.
Así de lejano. Así de distante.
Así...
Día tras día.

Algún día le costaría cara su exuberante sinceridad.
Ya vería, pagaría caro. Por ilusa.


¿Cuál era la finalidad de su esfuerzo? Total, por mucho que hiciera, nunca conseguiría nada cuando ella lo desease. Jamás...



Poco independiente. Demasiado bocazas.
Ella nunca era suficiente...
Se quedó sin más compañía que el silencio y el sonido de la lluvia. Miró a todos lados, buscando a alguna persona que la auxiliase. Peor incluso.
Ahora ella era sola frente al Destino. Y no contaba con nada que la secundase. Ninguna defensa. Ella era tan inocente... y tan frágil.
No, ya no ganaría.

Cayó sobre la acera plagada de charcos. Uno de ellos le devolvió su agotado reflejo, triste como el día. "Vamos a juego."
Y se rindió. Con la cabeza gacha y las manos en sus bolsillos se rindió.

Y no hubo nada más.

10.29.2009

¿Mea Culpa?

Hay personas que no pueden evitar culparse de cierta forma por los actos de otros, por ejemplo, de sus padres. Llevan a hombros el peso de las consecuencias de lo que ellos hicieron además, por su puesto, de lo propio.
La pesada mochila de estos heridos viajeros esconde vergüenza, humillación, dolor, impotencia, rabia, frustración… Pero no son suyos. Arrastran por su camino la mierda de otros que no pudieron ni quisieron limpiarla, y como un ancla, ese pesado lastre no les deja avanzar aunque empuje el viento. Como quien no lleva prisa alguna, a veces paran a descansar y echar un doloroso vistazo atrás.
No corren lágrimas por sus mejillas, no suspiran quejas sus bocas. Tampoco viven.
La peor parte de esto se la llevan aquellos que llevan orgullo de plomo en sus hombros. No quieren acudir a nadie y deciden que si su paso ha de ser lento, así será. No entienden que lo pesado se lleva mejor con ayuda.
Otros no piden ayuda por vergüenza. Se sienten marcados por un pasado que no eligieron, por un presente que no avanza, por un futuro que se les antoja demasiado lejos.
Parte de la culpa la tienen aquellos a quienes alguna vez acudieron. La simple lástima no consuela, los reproches no sirven para aquellos que conocen el error, el dolor no se cura enterrándolo, ni el miedo huye al encender una luz. El pasado no desaparece solo por desearlo.

La clave está, amiga viajera, en el presente. Deshazte de la carga que te impusieron, no es tuya. Todo este tiempo, caminaste arrastrando los pies… Ahora es tiempo de volar.

10.13.2009

Más tarde o más temprano.


Mientras jugueteo con el clipper blanco que olvidaste aquí, me decido a confesar. La próxima vez que nos veamos sabrás todo. Y aunque imagino cuál será la respuesta, no voy a arrepentirme. Necesito desahogarme y tú serás mi víctima, porque dejaré algo tan pesado en tus manos que temerás que se te caiga y explote.

9.27.2009

Desayuno.

Suavemente, me desperté bastante amodorrada, lo cual no era lógico pues había dormido en exceso.
Desechando la idea de madrugar, me acurruqué de nuevo en las sedosas sábanas. Para cuando logré erguirme y desperezarme cual gato eran las 10 de la mañana. Giré sobre mí misma y tú ya no estabas, ya no yacías con tu pausada respiración a mi lado. Suspiré, pues se había convertido en algo habitual, y dolía que siempre me abandonaras por las noches, en los momentos en los que más necesitaba tu compañía. Dejé caer mis pies sobre la cálida y rugosa moqueta, y un escalofrío me recorrió cuando noté el contacto con el gélido y argénteo suelo.
Caminé descalza por el estrecho pasillo, y me topé con mi imagen en el espejo. Despeinada y somnolienta, me sonreí, e inmediatamente mi reflejo me devolvió una sonrisa pura e infantil.
Seguí sin descanso paseando hasta la fría e inmaculada cocina, y decidí desayunar algo dulce, por si me animaba el día.
Yo era feliz, en mi ignorancia.
Aunque...
¿Para qué engañarme?
Tú ya no estabas...
Y...A fin de cuentas, nunca habías estado.

9.07.2009

En la cuerda floja.

Idiota.

Aquí me tienes. Perdida, totalmente perdida. Después de todo, tu mente funciona de manera muy distinta a la mía. Sólo hay que observarte unos minutos. Tienes claro lo que buscas pero, si lo pierdes de vista durante unos segundos, no te cuesta olvidarlo... No, olvidarlo no, pero sí lo apartas a un lado y centras tu atención en otra cosa. Durante un tiempo...

Mientras, yo me subo por las paredes, me arrastro por el suelo y me atraganto con mis nervios esperando a verte. ¿Por qué necesito tanto verte? Cada vez que te veo unas horas, una noche, solo consigo entrever un poco de ti, solo unas cuantas migajas de esas grandes respuestas que ahora necesito.

Pero claro, ¿tú cómo vas a saber eso? Te montas en el tren y te marchas, dejando atrás lo dicho y lo hecho, a mis dudas y a mí. Y una vez allí, siempre hay algo o alguien que te dé eso que yo no puedo, que la distancia me obliga a guardar para mis sueños, mis pensamientos.

¿Y ahora qué? De nuevo a esperar. Podrías haberme dicho que esto solo es un juego. Pero, no. Tuviste que decirme que te encanto. Y tu voz al decirme esas dos malditas palabras, me suena a


espérame.

8.21.2009

Másalládelhórreo

Xove
Pero no es lluvia torrencial y tempestuosa. Se toma su tiempo para descender suavemente de las nubes. Con calma. Luego, si se encuentra a su paso con un obstáculo, lo evita sabiamente y se reúne en el pavimento con sus relucientes compañeras, formando un charco.
Si por el contrario, se topa contigo casualmente, demora su caída un rato más, y se presenta, curiosa, a conocerte. Te acaricia, con cariño. Sinuosamente, baja por tu nuca y cae por tu espalda. Juega.
Moja tu pelo. Algunas se acostumbran a tu calor y deciden establecer en ti su hogar.
Así es la lluvia en la terra galega.

8.16.2009

Quid pro quo

Ahora que me estás escuchando...
Ahora que me estás prestando algo de atención, después de mucho tiempo callado, agazapado en ese rincón de mi mente...
Quisiera pedirte varias cosas...
En primer lugar, que fijaras tu mirada perdida hacia mí cuando mi voz te está llamando.
Bien, me has obedecido.
Te digo el motivo por el cual te dedico este tiempo, este aliento, estas palabras sinceras.
¿Serías tan amable de... por una vez, de dejar de sonreír?
Tu alegría es como espinas que se clavan sin piedad en mi corazón...
Regálame un poco de ella... te prometo que haré buen uso de la que me ofrezcas...
A cambio...
Te daré mi compañía incondicional, abrazos reconfortantes, besos apasionados, charlas de consuelo o de mero entretenimiento, miradas honestas, mejillas ardientes, caricias tiernas...
Lo que me pidas a cambio de un cachito de tu sonrisa.
Paradójicamente, antes te he pedido que dejaras de hacerlo...
Perdona, era por pura envidia.