~Su voz se quebró. Sus ojos se volvieron agua, que fluyó limpiamente a través de sus pómulos. Pero nadie se dio cuenta, pues se diluyeron con las gotas de lluvia.
La espalda del mundo la tenía más conocida que la suya. Y mira que la observaba cada efímero minuto que podía...
"Ya está." Se dijo. "Ya está todo hecho."
¿Qué quedaba?
Aprender a cerrar la boca y no mostrar tantas sonrisas ni tanto corazón.
Comprarse un paraguas...
Su empapado pelo se adhería a su rostro. La lluvia caló a través de la fina chaqueta. El frío se adosó a su piel.
El vacío a su corazón...
¿Y el calor? ¿Dónde se quedó?
Lejano, muy lejano. A la altura de un rascacielos abominable que compite con las nubes para ver quién alcanza antes el Sol.
Así de lejano. Así de distante.
Así...
Día tras día.
Algún día le costaría cara su exuberante sinceridad.
Ya vería, pagaría caro. Por ilusa.
¿Cuál era la finalidad de su esfuerzo? Total, por mucho que hiciera, nunca conseguiría nada cuando ella lo desease. Jamás...
Poco independiente. Demasiado bocazas.
Ella nunca era suficiente...
Se quedó sin más compañía que el silencio y el sonido de la lluvia. Miró a todos lados, buscando a alguna persona que la auxiliase. Peor incluso.
Ahora ella era sola frente al Destino. Y no contaba con nada que la secundase. Ninguna defensa. Ella era tan inocente... y tan frágil.
No, ya no ganaría.
Cayó sobre la acera plagada de charcos. Uno de ellos le devolvió su agotado reflejo, triste como el día. "Vamos a juego."
Y se rindió. Con la cabeza gacha y las manos en sus bolsillos se rindió.
Y no hubo nada más.



